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EDUCAR PARA LA PAZ
La finalidad de todo profesional de la educación debe ser, educarse y educar para la paz, irse transformando, cada vez más, en hombres y mujeres de paz y propiciar, así, el encuentro y hallazgo de la paz interior en cada una de las personas a las que acompañen en su crecimiento y desarrollo humano y en sus procesos de aprendizaje, tanto de conceptos para su maduración intelectual, como de valores humanos para su maduración afectiva.
La paz tiene muchos sinónimos –o situaciones y actitudes que la promueven-: justicia, respeto, confianza, paciencia, humildad, comprensión, perdón, autocrítica serena, autoestima agradecida, solidaridad, generosidad, espíritu de sacrificio, amor a sí mismo y a los otros; buscar, siempre, unir nuestros pensamientos y sentimientos a los pensamientos y sentimientos de los otros. Necesitamos crear un mundo en el que las personas se preocupen auténticamente las unas por las otras. Y esto sólo nace de la felicidad que produce la propia paz interior. Y la paz interior nace de la buena conciencia. |
Si cada quien no cultiva la calma de su espíritu, para vivir en calma con los miembros de su familia, de su escuela y con sus compañeros de profesión y de trabajo, no podrá tener la calma para acompañar con paciencia, confianza, esperanza y aprendizajes continuos a cada uno de los niños y niñas o jóvenes que las familias y la organización de la educación les han encomendado, a cada uno de los compañeros de trabajo. Sólo si conocemos a los otros por dentro y deseamos llegar junto a ellos para aprender de ellos, para ayudarles o saber cómo siguen, además de poder comunicarles nuestros avances y hallazgos, acompañándonos en nuestros progresos o dificultades, propiciaremos la paz del grupo, su interacción positiva, su crecimiento y desarrollo humanos, la realización y felicidad de cada uno de los componentes del grupo, y el gusto de estar en familia, de estar en la escuela, en el trabajo, con el afán de todos por aprender, encontrarnos a nosotros mismos, y encontrarnos con los otros. |
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Es el único camino para educarse en la no-violencia y crear un ambiente ciudadano de concordia que siembre y favorezca el amor y la lucha por la paz universal haciendo frente a los “valores” negativos o contra-valores del poder y del tener, del querer y sentirse ser superiores, que distorsionan la vida de los pueblos y las familias provocando malos tratos, asesinatos y guerras.Hay que “atreverse a esperar” dicen las gentes positivas que escriben para la paz. Uno de ellos, William Schannon, se pregunta en su obra “Silencio en Llamas”: “¿Qué quiere decir atreverse a esperar?”. Y se contesta: “quizá una de las cosas importantes que quiere decir, es que limpiemos nuestra imaginación, tan dañada por el cine violento, las series televisivas violentas y los telediarios con la historia repetitiva de hechos violentos, de discusiones enconadas sin acuerdos posibles... Casi hemos perdido –prosigue el autor- la capacidad de imaginar cómo sería un mundo de paz y armonía en el que la vida no estuviera amenazada, en donde el agua y el aire no estuvieran contaminados y donde las personas estuvieran genuinamente preocupadas por el auténtico bienestar de sus hermanos y hermanas. La poetisa Denisse Levertov nos recuerda cómo podemos recuperar, radicalmente, el valor de la paz. |
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